Nuestras moscas y la percepción que las truchas tienen de ellas. Parte 2.


Nuestras moscas y la percepción que las truchas tienen de ellas. Parte 2.
EFRAIN CASTRO.

 

¿Qué pasa con los colores bajo el agua?

 

Trataremos brevemente de analizar desde la biología y la física el fenómeno de los colores bajo el agua y la percepción que los peces tienen de ellos. La luz blanca como la del sol se transmite a través del espacio en forma de ondas electromagnéticas, conteniendo en ella a todos los colores. La tapa del disco “Thedarkside of themoon” de Pink Floyd lo explica claramente con un dibujo en el que la luz blanca al entrar en un prisma se descompone en los colores del arco iris. Bien, los objetos según su pigmentación, absorben todos los colores y reflejan solamente el que los pigmenta, de esa manera podemos ver rojo a un objeto pintado de rojo. Cuando la luz blanca penetra en el agua aún más cristalina, por ser esta un medio más denso que el aireya comienza a perder algunos de los colores del espectro que contiene.

 

Cuando una mosca flota fuera del agua, sus colores no se ven alterados desde abajo al menos a la distancia en que el pez la ve. Pero si nuestra mosca se hunde es bueno saber algunas cosas: El color rojo se pierde totalmente hacia tonos neutros pasando los 2 mts., después de los 4 mts. se pierde el violeta, el naranja al pasar los 10, el amarillo casi a los 20 metros mientras el verde y el azul pueden llegar a verse en un objeto hasta a poco más de 30 metros. Lo que ocurre en el rango de profundidad en que trabaja usualmente nuestra mosca es una leve pérdida en la intensidad de los colores, pero no su desaparición. A unos 2 metros de profundidad el azul y el verde se ven idénticos, el amarillo ha perdido algo, el naranja se ve un 30% más opaco y el rojo habrá perdido un 60%. Cuando hablamos de pesca en aguas bajas o con moscas a menos de 1 metro los colores sufren alteraciones mínimas. Entonces… ¿por qué hay que tener en cuenta esto?



 

Distancias y velos

 

Si bien nuestra mosca no irá a grandes profundidades en la pesca promedio, esta información es vital cuando hablamos de distancias entre el pez y la mosca, ya que el fenómeno de pérdida de intensidad en los colores se da también de manera horizontal entre el ojo del pez y el objeto visto. En el medio acuático los sedimentos conforman un velo que opaca los colores hasta en las aguas más transparentes, dándonos un rango de pérdida en la visibilidad similar al que se manifiesta en la profundidad. Hay un fenómeno frecuente que demuestra esto y es el rechazo repentino a la mosca cuando parecía que el pez la iba atacar decididamente. A unos 4 metros, para el pez una mosca roja o naranja es de un tono similar al fondo neutro en que la ve, pero al estar a punto de atacarla, desaparece el velo y le “cambia” rotundamente de color asustándola. Esto resulta muy común de ver en la pesca de lagos, personalmente cuando ocurre cambio a moscas puras en tonos verdes, negros o grises que en la aproximación final no presentan cambios dramáticos para el pez.

 

Los únicos colores que transforman la luz en una mayor longitud de onda son los flúo, que pueden verse del color que son a cualquier profundidad o distancia de las mencionadas. Los materiales con esta propiedad son valiosos en el en atado al igual que los UV, el punto está en utilizarlos como detalle, en pocas cantidades y solo para que el pez detecte nuestra mosca a grandes distancias través del velo en la columna de agua.

 

 

Los sentidos de las truchas

 

Las truchas tienen vista, olfato, oído, tacto y gusto al igual que nosotros. Además poseen un sexto sentido llamado línea lateral, más un séptimo que les permite detectar su propio campo eléctrico y ambos trabajan en alguna medida como un “radar”. Sin embargo empezaremos por su visión ya que es el sentido principal con el cual detectan el alimento, utilizando los demás para confirmarlo. Hay mucho escrito sobre esto, pero trataremos de hacer foco en aquello vinculado a la percepción de nuestras moscas. Las truchas poseen uno de los sentidos de la vista más desarrollados entre todos los peces, con buena luz pueden distinguir los colores de manera similar a nosotros y percibir longitudes de onda fuera del espectro de color que podemos ver los humanos, esto es que tienen percepción en una parte del rango ultravioleta a lo largo de toda su vida pero más acentuada cuando son jóvenes. Córnea, cristalino, iris y retina son las semejanzas con nuestros órganos de visión, pero hay otras características muy diferentes que es bueno conocer. Pueden “enfocar”, aunque, con un mecanismo diferente al nuestro y perciben hasta cierto grado de detalle, pero aún a corta o media distancia no pueden ver con nitidez absoluta y su visión es algo borrosa, podríamos decir en términos digitales: “pixelada”. Algunos estudios serios hablan de una nitidez 14 veces por debajo de la humana, lo cual a nuestro modo de ver las ubica en la categoría de miopes. Sin embargo a 7 cm. o menos, patas, manchas prominentes y diferencias de color en un mismo cuerpo serán perfectamente detectados aún en organismos de 1 cm.

 

Esto, como dijimos, si en el agua hay buena presencia de luz, porque la capa sensible de la retina en las truchas está tapizada con dos tipos de células que actúan de manera diferente: Los conos y los bastones, que son células fotosensibles conectadas directamente al cerebro del pez a través de terminales nerviosas. Los conos son los responsables de que el pez pueda distinguir colores con algo de detalle en horas de buena luminosidad, mientras que los bastones le permiten detectar siluetas en horas de escasa o nula luz. En su conformación el ojo humano también posee conos y bastones aunque en diferente proporción y disposición, pero además nuestro ojo puede rápidamente adaptar la visión a distintas intensidades de luz mediante la contracción o dilatación de su pupila. En los peces el cambio de un tipo de visión a otra se realiza con la lentitud de los cambios naturales de luz, por eso en la noche al iluminar a un pez lo cegamos completamente y hasta podemos dañar su capacidad de ver. Sacarle fotos con flash a una trucha de madrugada es muy perjudicial.

 

A medida que amanece, en el ojo de las truchas los bastones retroceden quedando protegidos, ya que su fotosensibilidad está 50 veces por sobre la de los conos, que con el incremento de luz se exponen lentamente entonces la trucha empieza a tener su momento de mejor visión y así es como puede distinguir los colores a poca profundidad como nosotros. Al atardecer, los conos retroceden y los bastones nuevamente avanzan otorgando al pez una “visión nocturna” muy adaptada a percibir siluetas y movimiento pero prácticamente sin capacidad de distinguir colores. Esto nos marca con claridad que el factor color es importante en horas de buena luz, mientras el factor contraste (silueta) se impone en las horas de menos luz o los días muy nublados. Podemos concluir en que ven de noche mucho mejor que nosotros percibiendo con luz mínima.

 

Las truchas tienen visualmente una percepción muy fina del movimiento y realizan cálculos precisos de distancia y velocidad con sus presas antes de decidir un ataque, siendo capaces de saltar fuera del agua a tomar presas voladoras con un porcentaje alto de aciertos. Además de lo que detectan a nivel desplazamiento de sus presas también son exigentes con los pequeños movimientos de partes dentro del organismo atacado cuando se aproximan y es la razón por la que imitaciones perfectas pero rígidas son normalmente rechazadas.




Campos de visión

 

El campo total de visión en las truchas está compuesto por los alcances que pueda tener con cada ojo por separado y por los dos en conjunto según los tres planos desde que podamos verla. Si las vemos desde arriba o abajo, las truchas poseen detrás un área ciega de unos 30 grados, a sus costados tienen un área de visión monocular de 150 grados y frente a ellas una visión binocular de 30 grados. Si las vemos de frente o detrás, poseen un área ciega de unos 30 grados exactamente debajo de ellas pudiendo cubrir casi todo el resto del campo con su visión monocular menos hacia arriba donde poseen unos 10 grados de visión binocular, algo más restringida atrás que al frente. Si las vemos de costado, solo tienen un área ciega de 60 grados a sus espaldas pudiendo ver casi todo el resto del abanico en visión monocular con cada uno de sus ojos y con visión binocular en un ángulo también de 60 grados que es más amplio hacia arriba. Parecen datos nomás, pero aquí hay bastante para aprender. Por ejemplo, que nos podemos acercar por detrás de ellas sin que nos vean, que hacia los costados pueden percibir movimientos y tamaños (manchas) pero solo al frente, con la visión binocular de 30 grados, pueden distinguir siluetas y tener la precisión para atacar una presa. Esta es la razón por la que con frecuencia vemos a un pez perseguido saltar hacia el costado de su atacante en lugar de huir, al ponerse allí además de obligarlo a una maniobra de viraje que le da tiempo para alejarse (como el amague en el fútbol), sale del campo de visión en el que el depredador tiene precisión para atacar. Por eso es bueno presentar nuestras moscas dentro de este campo de visión, frente a ellas.

 

 ¿Cómo ve hacia afuera del agua?

 

Esta es una ley física que no tiene que ver con la capacidad de visión del pez, ya que nosotros mismos sumergidos experimentaríamos el mismo fenómeno. Si miramos para arriba desde el fondo de una pileta, veremos la superficie como un gran espejo que refleja el fondo salvo una ventana circular exactamente arriba nuestro. Esta ventana se desprende hacia la superficie contenida en un cono aproximado de 97 grados cuyo vértice es el ojo del observador. La trucha puede ver la silueta recortada de un insecto que flota solamente si este penetra en ese círculo, mientras el bicho navegue fuera de él no podrá verlo claramente, porque todo estará espejado. Aunque en aguas no muy agitadas el pez podrá percibir en el espejo una huella minúscula pero característica de cada insecto por sus partes que estén en contacto con el agua y muchas veces esta “huella” ya dispara el acto de comer, aún antes que el insecto penetre en la ventana. Sin embargo esta percepción fuera de la ventana se distorsiona en la medida que la superficie se agite al punto de ya no ser posible, por ejemplo, en un pedrero o riffle. Una vez que este cono de visión llega a la superficie se abre en el aire a 160 grados por la diferencia de densidad entre el aire y el agua dejando solamente un área ciega de 10 grados entre su límite y la superficie del agua, es decir que manteniéndonos por debajo de estos 10 grados el pez no puede vernos. Es fácil deducir que cuánto más hondo se encuentre el pez, la ventana será más grande dándole la capacidad de vernos “entrar” en ella a mayor distancia, y cuánto más cerca de la superficie se encuentre la ventana será más pequeña, por lo tanto podremos acercarnos más sin que nos vea. Por ejemplo una trucha que se alimenta muy arriba, como en el típico caso en que “sipean” los spinners de efímeras, tiene sus ojos a no más de 10 cm de la superficie y su ventana de visión al exterior tendrá un diámetro de solo 22 cm. Como regla general también es posible deducir que cuánta mayor densidad de alimento haya en la superficie, el pez más cerca de ella se ubicará para comer porque la frecuencia lo obligará a movimientos cortos, mientras que si la densidad baja, él también necesitará bajar para ampliar su ventana de visión e incluso su percepción de “huellas” sobre el espejo fuera de la ventana.

 

 

Fondos, techos y telones

 

Como la superficie vista desde abajo se ve como un espejo (excepto justo arriba en la ventana) el color que reflejará será el dominante del fondo si éste no se encuentra a mucha profundidad. Las superficies chatas y lentas reflejarán piedras, plantas y accidentes del lecho con mayor fidelidad mientras que las movidas mantendrán el color general aunque interrumpido por la penetración en diferentes direcciones de rayos de luz desviados en el ángulo de las olas, dando un tono variable que resulta más oscuro que el lecho. Lo que llamamos “telón” o “luz espacial de fondo” es ese color uniforme generalmente azulado que está entre el lecho y el espejo superficial, hacia donde estos se funden. Su color también puede ser similar al del fondo o “techo” dominantes, pero por lo general es diferente debido a la materia que tenga en suspensión, es decir el “color” del agua a pesar de su transparencia. Por ejemplo, con buenas condiciones de luz las aguas con presencia de algas unicelulares tendrán telones verdosos, las que tengan arrastre de tierra se verán marrones, las de sedimento glaciario serán de un gris lechoso, las de restos vegetales muertos negras y en las más cristalinas ese fondo estará siempre en los tonos azules, siendo este último tono el más habitual de observar en los telones, al menos en las más de 100 fotos subacuáticas de ríos de truchas que he chequeado antes de escribir esta parte,además de algunos buceos.

Abriendo estas fotografías con el programa Photoshop (todas tomadas bajo el agua en días soleados o luminosos) hice un interesante experimento pasándolas a escala de grises pera medir el porcentaje de sombra (tinte) que tenía cada fondo, me sorprendió que los más claros ya tenían un 50% y los más oscuros llegaban casi al  90%, dándonos una idea del nivel de oscuridad que estos fondos tienen. Cuando el telón de fondo “cae” en un sector de sombras provocadas por árboles o por la misma costa, el tinte llegaba al 98%, es decir casi negro. En general los telones más claros pertenecen a aguas con mayor sedimentación y los más oscuros a aguas muy transparentes, inversamente a lo que se puede creer y esto se debe a que la luz resalta las partículas en suspensión “pintando” un telón claro, mientras que el agua cristalina se pierde en un azul profundo y oscuro. Esto explica por qué suelen funcionar muy bien las moscas negras en aguas turbias mientras las de tonos claros son más visibles en aguas de gran transparencia, en ambos casos contrastan con los fondos. En aguas transparentes de tono marrón los rojos y naranjas se destacan, en las de tono verdoso los amarillos y el mismo verde, en las lechosas glaciarias el púrpura y en las aguas muy claras se recortan bien los blancos, naranjas y amarillos. En todos los casos, a medida que el grado de turbidez aumenta el negro siempre se destaca y combinarlo con los colores mencionados es lo que suele funcionar más. Si bien hay varias opiniones y personalmente he obtenido muy buenos resultados con colores complementarios, al momento de elegir moscas con brillos también es recomendable que los mismos se mantengan dentro del color dominante en el agua.

 

 

Percepción de ultravioletas (UV)

 

Para nosotros, color es ese espectro visible de las ondas electromagnéticas emitidas por el sol (luz blanca) que va de los 700 a los 400 nm. (nanómetros), es decir desde los rojos, pasando por los naranjas, luego amarillos, verdes, azules y violetas. Bien, está demostrado que las truchas pueden ver más allá de ese rango percibiendo la luz ultravioleta como un “color” hasta el límite de los UVA (320 nm.), no pudiendo percibir los UBV. Esta capacidad que ahora se reconoce en truchas de todas las edades merece mucha atención, ya que estas longitudes de onda imposibles de captar por el ojo humano en incontables ocasiones marcan una diferencia notable de espectro entre lo que el pez ve cuando ataca su comida o cuando analiza nuestra mosca. Este tipo de luz es capaz de atravesar el velo (presente aún en las aguas más transparentes) y está demostrado que las truchas pueden ver en aguas turbias justamente ayudadas por estos rangos para nosotros invisibles, esto significa que por más que miremos un insecto o un organismo dentro del agua o en nuestra mano, no podremos ver de qué manera refleja esos rangos, pero es bueno saber que los reflejan en algunos estadíos. El ejemplo más común y natural de material con la propiedad de emitir en esos rangos es el pavo real. También las diferentes formas de usar el mylar y otros sintéticos pueden lograr reflejos de este tipo que cambien el espectro de nuestra mosca y la hagan detectable a mayor distancia. Los materiales industriales que poseen esta característica vienen con el clásico “UV” claramente indicado en sus envases.




Gusto y olfato

 

Las truchas tienen estos dos sentidos más desarrollados que nosotros. Poseen el sentido del gusto no solo en la boca, también con las aletas y la cola pueden percibirlo. Los humanos podemos diferenciar cuatro gustos diferentes: Salado, dulce, ácido y amargo mientras que los peces además detectan aminoácidos, azúcares, grasas y proteínas. Durante mucho tiempo pensamos que el gusto de un alimento no podría ser de preferencia sobre otros en un animal con el cerebro del tamaño de un maní, sin embargo ya hay muchos estudios que están demostrando la preferencia del sabor de algunos insectos por sobre otros en las truchas. Su olfato es muy agudo y capaz de detectar la molécula de una sustancia entre millones de moléculas de agua, tal como pueden detectar químicamente y a miles de kilómetros el agua del arroyo en que nacieron para regresar a él a desovar siguiendo un ínfimo rastro mediante el “imprinting”, un proceso biológico por el cual un gen o dominio genómico se encuentra marcado bioquímicamente, indicando su origen parental. Varios estudios demostraron que las truchas manifiestan rechazo por los olores de solventes, combustibles, perfumes, transpiración humana o cigarrillos, entre muchos otros seguramente. Al atar y manipular nuestras moscas debemos tratar de que estas sustancias no entren en contacto con ellas.

 

 

Oído interno

 

Por ser un medio más denso, el agua transmite los sonidos 5 veces más rápido que el aire. Las truchas tienen un excelente oído con el que pueden percibir altas frecuencias como por ejemplo el ruido de nuestros pies al hacer entrechocar piedras del fondo, aunque estemos muy lejos. Si bien a las ondas sonoras desde el aire les cuesta penetrar a un medio más denso, los ruidos fuertes del exterior pueden ser también percibidos por las truchas. Durante mucho tiempo y por haberlo leído al iniciarme en la pesca suponía que los sonidos exteriores no las molestaban en absoluto, pero hace un par de temporadas hice un experimento propio: oculto tras las ramas de un sauce observaba un cardumen de juveniles y aplaudía para asustarlos, los aplausos leves no parecían alertarlos, pero al aplaudir muy fuerte todo el cardumen reaccionaba marcando claramente que podían oírme.

 

 

Tacto, línea lateral y campos eléctricos

 

Las truchas tienen un sentido del tacto muy sensible en todo su cuerpo, agudizado en la boca, pero también en el vientre y aletas. Las texturas de los alimentos son fácilmente distinguidas y por ello una  mosca con su rígido anzuelo no suele durar más de un segundo sus bocas antes de que intenten expulsarla.Lo mismo ocurre con las ninfas de materiales suaves como el dubbing al que prefieren retener frente a imitaciones “perfectas” pero rígidas. Al aparearse, suelen rozarse suavemente una contra otra y está demostrado que los peces gustan de las caricias.

 

La línea lateral es un sexto sentido que funciona como un radar y les permite detectar cualquier onda de baja frecuencia como las que emiten los organismos al moverse en el agua, diferente a los ruidos de alta frecuencia que ya mencionamos. Funciona a través de una línea de poros llenos de líquido que recorre ambos flancos del pez desde sus opérculos hasta donde nace su cola, dentro de los poros hay células llamadas “neuromastos” que son muy sensibles a los cambios de presión. Una trucha puede detectar a 10 o más metros a otro pez que se acerca sin verlo y hasta tener mucha precisión sobre su tamaño y la velocidad a la que se acerca, de la misma manera detecta y diferencia hasta los finos movimientos de pequeñas presas como larvas ya que en el radio de los 3 metros la agudeza de la línea lateral es máxima. Este sentido, al igual que el del oído, varía su rango y forma de alcance según la velocidad de la corriente. En aguas quietas la trucha poseerá a su alrededor un círculo perfecto de alcance, pero a medida que la corriente sea más rápida este campo de detección se tornará ovalado, se achicará notablemente a espaldas del pez, se contraerá a sus costados y se ampliará mucho río arriba ya que la corriente actúa de la misma manera que el viento cuando gritamos a favor de él o en contra. Los movimientos de una mosca son perfectamente percibidos por el pez, ya que para este agudo sentido cada mosca tiene su particular “ruido” al navegar de acuerdo a como esté construida y de qué manera la presentemos.

 

Esta capacidad de la línea lateral es apoyada por cientos de sensores eléctricos en la piel, ya que los peces de muchas especies (incluidas las truchas)tienen percepción de la forma de los campos eléctricos que ellos mismos generan. La capacidad conductora de electricidad de cada objeto es lo que el pez detecta en su propio campo por lo cual objetos menos conductivos que el agua, como por ejemplo una roca, lanzan una sombra sobre el campo; mientras un objeto más conductivo, como una presa viva, crea un punto brillante. La imagen eléctrica del pez incluye la localización del objeto, forma, rapidez, y dirección del movimiento. Leído esto, podemos comprender que muchas veces el rechazo a nuestra mosca pueda estar en que no “brille” dentro del campo eléctrico del pez de la misma manera que sus presas. El acero de los anzuelos es conductor, pero el cobre o el tungsteno, de mucha mayor capacidad conductiva que otros metales presentes en las moscas como el plomo o el bronce pueden acentuar esa conductividad y tener incidencia en los resultados no solo por sus capacidades de color o lastre.

 

En la próxima entrega (3ra. y última) iremos directamente al análisis de nuestras moscas y veremos recetas propias de Patagonia. Gracias.

 

Efrain Castro