Nuestras moscas y la percepción que las truchas tienen de ellas. Parte 1.


Nuestras moscas y la percepción que las truchas tienen de ellas. Parte 1.
EFRAIN CASTRO.

Palabras previas.

 

Esta es  la primera parte (de tres) de un texto que originalmente fue el primer capítulo de un libro que no se terminará de escribir, al menos en el corto plazo. Tenía por título “Moscas, técnicas y estrategias”, lo que se publicará dividido en tres partes es el primer capítulo dedicado a las moscas y a la percepción que las truchas tienen de ellas y su entorno, aunque en el desarrollo también hay referencias sobre técnicas y estrategias. Agradezco a Roberto Galbarini la oportunidad de mostrar esto en su sitio y el apoyo recibido para el desarrollo de patrones propios de la Patagonia Norte.

 

La mosca es una artesanía fabricada por el propio pescador atando a un anzuelo pelos, plumas y otros materiales para simular lo que el pez come. La técnica es la forma en que lanzamos y hacemos navegar esa mosca en el agua para imitar alguna de las muchas maneras en las que se le presenta esa comida al pez. Y la estrategia es el conocimiento del mundo del pez aplicado a una observación del agua que nos permita combinar una mosca y una técnica adecuadas para engañarlo y pescarlo.

 

Los libros constituyen la columna vertebral de la pesca con mosca (PCM) y se ha escrito sobre este arte más que sobre cualquier otra modalidad de pesca y que casi cualquier otra actividad del hombre. Esto se debe a su profundidad infinita por renovación constante en la diversidad de peces, ambientes, técnicas, patrones y equipos que evolucionan en la búsqueda de una solución a nuevos desafíos. La pesca de truchas con una mosca se vincula íntimamente a la imitación de la naturaleza y al conocimiento de la forma en que se ordena la vida del ecosistema acuático en que viven, atravesando un camino en el que la imaginación y la creatividad juegan un rol permanente y fundamental. Encontrará en los contenidos un enfoque patagónico, pero seguramente con muchas herramientas útiles para los salmónidos del resto del mundo.

 

En cuanto a lo técnico, buena parte del contenido proviene de diferentes escuelas reconocidas y también se opta por algunas licencias producto de la propia experiencia. Se escribe sobre un estilo de pesca y, con sinceridad, para llegar a él hicieron falta más renuncias que elecciones. Estas renuncias pueden ser la resultante de preferencias estéticas, condiciones geográficas o limitaciones técnicas personales, pero conforman una manera única de pescar con una mosca. Lo mejor que puede pasarle, créame, es encontrar la suya y eso llega como parte de una selección personal entre las muchas opciones de esta pesca, está allí presente esa calentura de la que hablaba tanto Spinetta: “hay que sacar las cosas de adentro y mostrarlas para sentirse vivo”, y aunque lo que saquemos sea una mosca para mostrársela nada más que a las truchas, hay allí una búsqueda del método propio que si está técnicamente bien cimentada da por resultado moscas únicas y eficientes: “¿Con cuál pescaste?” “Con esa, la verdecita, ja”. Me fascina ver a pescadores que le ponen nombre a “sus” moscas, porque eso es parte de la construcción colectiva que este arte necesita para ser definitivamente popular en Argentina contando con mejores intérpretes y ampliando su cultura local, cosa que ya ocurre en gran medida y me satisface aunque la “verdecita” nunca se haga famosa más que entre los amigos y ni figure en los catálogos internacionales.

 

Existe una fuerte evidencia en el río para quienes tenemos cierta experiencia de que por lo menos 7 de cada 10 pescadores tienen una caja de moscas errada para el lugar en que pescan, consecuencia de un sistema que solo pretende generar consumo vendiendo equipos antes de enseñar que la parte más importante del equipo es la más barata, que puede fabricarla uno mismo y que hay que estudiar para saber cuándo y cómo usarla. Así es como vemos a miles de personas que compran sin saber dando el primer paso en una dirección equivocada que los llevará a una cadena de gastos en equipos, moscas, combustible, alojamiento, viajes y guías sin sentirse totalmente realizados como pescadores. Algunos comprenden tarde que no es lo mismo un pescador que una persona vestida para pescar, pero no deben desanimarse porque siempre se puede aprender.

 

La parte más grave de este paradigma consumista es que se le da la espalda a una cultura construida durante casi 2.000 años cuya especialización y diversidad de campos abarcados van desde la entomología a la filosofía, pasando por la geografía, la física, la etología, el arte, la estética, el desarrollo de instintos atávicos, el senderismo, la navegación, el contacto con la naturaleza, la actividad física, la coordinación psicomotriz y el conocimiento de la biología en general con cierta profundidad sobre el ecosistema al que ingresamos cuando pescamos, adquiriendo conductas individuales y colectivas en favor de su preservación que van mucho más allá del acto “papista” de liberar viva a una trucha y sentir que uno “es bueno”. Admitamos también sin pelos en la lengua que antes de liberarla le hicimos pasar un muy mal momento, que les duele, que existe una tasa de mortalidad en las liberaciones producto de nuestra ignorante manipulación y que probablemente la mosca que usamos tenga plumas o pelos de un animal criado en granjas para morir, a veces de maneras cruentas, alimentando un mercado que solo en EE.UU. tiene más de 40 millones de adeptos.

 

Esa comercialización de la pesca se ata necesariamente a posturas consumistas y vanidosas en las que el éxito inmediato o pescar la más grande para mostrarla en las redes sociales es el objetivo de la mayoría, pisoteando la profundidad mística y educativa de una actividad que posee todo para ser modelo de preservación, porque aunque Ud. no lo crea la pesca con mosca sin anzuelo ya existe y atrae justamente a aquellas personas a las que no les gusta pescar porque ven muy mal divertirse haciendo sufrir a un animal, pero pueden disfrutar el resto del enorme abanico que la pesca con mosca ofrece usando materiales sintéticos y pasando de “lastimarlo” a “jugar” con él sin anzuelos de por medio y sin sufrimiento. Engañarlo es suficiente y como la mosca sin anzuelo no lastima los peces suelen hasta retenerla y “pelearla” tratando de llevarla picando varias veces en el mismo tiro.

Ahora se ubican los cardúmenes con un dron para pescar el pozo correcto, por ejemplo. Entonces está en Ud. dar pasos en un sentido diferente para que el día de mañana sea vergonzoso hacer una cosa así. Para ello debemos trabajar en una educación positiva dentro de la actividad con quienes están empezando, con un nuevo paradigma lejano a  la competencia, a la técnica que saca 200 en una tarde o a las 20 fotos a un pez que se ahoga fuera del agua muriendo lentamente aunque luego lo liberen. Pues bien, el estilo de pesca y atado desarrollado aquí es solo un aporte más y sería de mi agrado que se lo considere de esa manera. Gracias.

 

Efrain Castro

Cusco, Perú. 18 de julio de 2016.

 


 

 

Moscas. La pesca empieza acá.

 

Si Ud. ata una mosca por primera vez, es posible que al ver el resultado diga “esto no es para mí, prefiero comprarlas”. Error grave, muy grave. Porque el atado es un ejercicio que se pule con la práctica y hasta que Ud. no ate alguna docena de WoollyBuggers no sabrá atarlas con destreza. Las truchas atacan su comida mayormente por la forma en que se desplaza, por su tamaño, su silueta o por parecer “viva” mucho antes que por sus detalles y aunque estos a veces sean determinantes en ciertas ocasiones, lograrlos no siempre es complicado. Así que no tiene muchas excusas para saltar este paso fundamental que es, en mi opinión, nada menos que la base de esta pesca. Si sus moscas le parecen “feas” sepa que entre los peces el concepto de la belleza no existe, mientras el patrón tenga un atado firme, mantenga las proporciones correctas y cumpla su función en el agua, es suficiente. Y le voy a confesar algo difícil: no han sido pocas las veces que he recibido palizas de pesca a manos de pescadores con patrones cuyo aspecto yo condenaría al impiadoso filo de la trincheta para usar el anzuelo en otra mosca. Así que por sobre la estética, debemos ser prolijos en aquellas cosas que dan funcionalidad al modelo.

 

Atar las moscas que usamos solo tiene ventajas aunque seamos desprolijos o haya patrones muy complicados para nuestra habilidad manual. Y se lo dice alguien que no domina la mayoría de las técnicas ni es tan prolijo como le gustaría. Atando aprendemos aspectos de esta pesca que de otra manera serían imposibles de asimilar, ahorramos dinero, ampliamos nuestro espectro de visión con respecto a la naturaleza que rodea al pez, aprendemos sobre la calidad o la forma de clavar de los anzuelos, podemos agregar peso a gusto a ciertos patrones de manera correcta, experimentar versiones diferentes de moscas clásicas, crear cosas nuevas, tener un mejor títere para manejar y, finalmente, cerrar un círculo que le da más valor a nuestras capturas. Tal como dice Randall Kauffmann, “atar es tan divertido como pescar”.

 

El objetivo que me he propuesto para este capítulo no es simplemente mostrarle un puñado de moscas patagónicas con las que pesco bastante y que no encontrará en los comercios o en otros libros. Mi objetivo es que usted mismo las ate en función del ambiente de pesca que más frecuente y que invente las suyas a partir de unas pocas técnicas que pueden aplicarse a docenas de patrones y así sumarlas a las ya clásicas entre nuestros recursos a la hora de sentarnos con la morsa adelante. Los modelos son todos de desarrollo propio casi siempre sobre técnicas o recetas ya conocidas. Las moscas clásicas en su versión original tienen infinidad de bibliografía o videos en Internet para ser consultados, por lo tanto aquí no encontrará el paso a paso de una Adams o una Cooper John, aunque sean moscas que personalmente jamás dejaré de atar y usar con su receta clásica. Sin embargo al final de este capítulo se ofrece un listado de patrones clásicos muy conocidos con sus respectivas recetas que son de mi preferencia como recomendación en Patagonia, además de nombrarlos en el mismo texto al explicar técnicas o estrategias.

 

A través del conocimiento la humanidad mira al pasado o a lo sumo al presente, pero es solo a través de la imaginación que puede mirar al futuro. Use Ud. entonces las herramientas que descubrimos los que hace rato estamos en esto para lanzarse a crear las suyas sin vergüenza. Jamás se me ha reído una trucha en la cara al ver mi mosca, ella solo continuó respetuosamente con su trabajo de alimentarse haciéndome, además, el favor de enseñarme.

 

En el método presentado aquí no aprenderemos las cosas por separado, sino que los conceptos técnicos o biológicos asociados a las moscas se irán incorporando en la medida que sea necesario resaltar determinadas características. Tampoco hablaremos de técnicas, materiales o herramientas antes de empezar a atar. Veremos cada aspecto biológico en cada paso y no por separado porque el vínculo entre la construcción de una mosca, el medio en que la presentamos y el organismo que imita es tan íntimo que me resulta imposible disociar a la biología o a la física del atado. No obstante, cada cosa será explicada en términos muy simples y gradualmente para su fácil comprensión, no se me asuste ni piense en cosas complicadas. Todo lo expuesto a continuación acerca del comportamiento de las truchas, su visión, sus sentidos, la forma en que los colores se ven bajo el agua y todo dato científico es un resumen basado en las coincidencias de la mayoría de los autores contemporáneos leídos y algo en observaciones propias. Entonces, antes de aprender a construir nuestras moscas, vamos a empezar por la percepción que las truchas tienen de ellas y de nosotros al presentárselas.

 


 

 

La trucha y sus patrones conductuales

 

Para empezar el análisis que pondrá nuestra cabeza bajo el agua, si somos pescadores es necesario que nos asumamos como una amenaza para el pez, que comprendamos los mecanismos complejos que tiene para defenderse y que la mayoría de los pescadores ignora. Es normal que en lugares muy frecuentados por pescadores pensemos que de tanto pescar tantas personas allí ya no queden peces  solo haya unos pocos pequeños. Si bien es real que por la presión haya seguramente bastante menos cantidad, lo más probable es que los muchos o pocos que quedende cualquier tamaño estén condicionados por la actividad humana incrementando su nivel de selectividad al punto de ser casi “impescables” con las moscas más usuales y, sobre todo, con las técnicas de presentación que la mayoría domina y en los horarios en que casi todas las personas pescan. Con carnada y de noche o con redes el impacto es diferente, son casos de una “limpieza” que se repoblará pobre y cíclicamente por migración de peces desde lugares menos presionados. Pero  hablando de lugares presionados por pescadores deportivos con una captura y liberación respetada en gran medida se trata de peces “educados”, por llamarlo de alguna manera. Deducimos que la razón por la que muchos pescadores prefieren ir a lugares poco frecuentados es porque allí “hay más peces”, cuando la realidad más allá de cantidades es que tampoco esos peces vieron una mosca y son más fáciles de pescar. También es cierto que en lugares muy presionados se descabeza la pirámide poblacional dando por resultado muchos peces pequeños, mientras que en los lugares poco pescados, los peces grandes que naturalmente conforman la punta de la pirámide están presentes.

 

No es el caso de este autor llegar a grados extremos de complejidad, estudio o perfeccionamiento ni en lo personal ni en la transmisión de conocimientos simplemente porque la Patagonia que me ha tocado pescar no requiere de una pesca demasiado compleja para obtener piques. Tampoco el objetivo es abrazar técnicas de concurso y pescar cantidades tales que sea necesario un “cuentaganado” para saber si pescamos 144 ó 145. Entonces, confieso que el medio ha modelado mi comportamiento como bicho mezcla de depredador y artista hasta cierto punto de profundidad. Me admiro al leer algunas discusiones en blogs españoles acerca de los rompecabezas que deben resolver desde la entomología, la presentación o el atado para “convencer” a animales súper entrenados como sus truchas de los cotos. Y en Argentina misma tenemos el ejemplo de los pescadores cordobeses, muy finos porque sus truchas son realmente difíciles y viven en ambientes de mínimo caudal. Entonces, en función de que se tenga conciencia de que estos mundos existen y no son inaccesibles, me gustaría ofrecer información de base para quien desee atravesar otras puertas seguramente necesarias ante la creciente presión de pesca y la privatización de los ríos, porque en un futuro no muy lejano donde hoy una WoollyBugger o una Prince parecen alcanzar para pescar, pronto no. Ya muchos ambientes muestran hace años esto claramente.

 

Como ejemplo podemos citar una experiencia personal clara al respecto: la misma ninfa atada por mí en deriva muerta presentada con el anzuelo completo tiene menos piques (a veces de manera notable) que otra con el gancho cortado y que representa con mayor fidelidad la silueta del organismo natural. Pensemos que en un organismo de 1 cm., ese “gap” que sobresale tiene un tamaño que alcanza normalmente del 30% al 50% del total del patrón y no es un detalle menor para que un condicionamiento de rechazo se ponga en marcha. Esto es común de observar en peces muy presionados a los que con las reiteradas presentaciones el fraude de “un gancho asomado en el alimento” les termina resultando evidente provocando sistemáticos rechazos y en ese sentido no tenemos que subestimarlos. Con esto no pretendo que Ud. pesque sin anzuelo, y aunque personalmente me resulte entretenido solo se trata de un ejemplo.

 


 

Hace poco un amigo usó una analogía simple y conocida para referirse al condicionamiento de los peces: “El que se quema con leche ve una vaca y llora”. Que bien podría interpretarse como: “la que se pincha con anzuelo, ve una bota de vadeo y no come”. Porque el condicionamiento no solo trabaja en la morfología de la imitación y en su forma de moverla, sino en las señales aledañas que le damos previamente a nuestra presentación, que ya las alerta aún antes de tener contacto visual con la mosca. El famoso “perro de Pavlov” era estimulado por una campana antes de recibir su comida y luego de reiteradas veces de hacer esto, se salivaba solo al oír la campana y sin que la comida esté presente. Si bien hablamos de un animal cuyo cerebro tiene un desarrollo superior al de los peces, en los peces las conductas de reflejo condicionado son muy similares al igual que en la mayoría de los vertebrados. Por lo tanto nuestras pisadas moviendo piedras en el agua, el ruido de la línea al levantarla o hasta un indicador de pique puede en cuestión de minutos entrenarlas para el rechazo. Incluso si la presión es grande puede hasta volver sus hábitos alimenticios casi totalmente nocturnos para protegerse.

 

También se ha descubierto que aprenden de lo que le pasa a sus compañeras, es decir que si otra trucha es pinchada por una mosca las demás reaccionarán ante esa y tal vez otras moscas con recelo. El entrenamiento se afila además con la aparición de variantes, equipos, moscas o estilos de pesca más eficaces que representan una gran ventaja, y estas ventajas están vinculadas en forma contundente a la posibilidad de presentar bien las moscas con un ritmo multiplicado donde antes era casi imposible. Dos ejemplos claros de la última década son las técnicas de czechnymph y sus perdigones en el caso de la pesca fina, o las cañas de spey para la pesca pesada en ríos donde antes no se usaban. Más allá de estúpidas discusiones puristas acerca de si estas técnicas que aparecen están dentro de la pesca con mosca o no, su aparición es indetenible y como pescadores estamos afectados por el entrenamiento que dan a los peces, ya sea que las tomemos o no como parte de nuestra pesca.

 

Pero si quiere verla realmente complicada, sepa que los más recientes estudios en truchas y otros animales indican que su condicionamiento con el consecuente rechazo a la actividad humana se transmite de una generación a otra. Es decir que en la medida que afinamos moscas, técnicas y estrategias ellas responden con su condicionamiento evolutivo alertando a las generaciones venideras con información genética acerca de cómo identificar a los posibles enemigos. Por lo tanto muchas veces la llave en esta pesca no solo se encuentra en lograr imitaciones buenas, sino también en los cambios constantes de las formas en que imitamos su alimento desde la técnica y la estrategia para romper ese condicionamiento sobre los patrones y presentaciones más comunes y en esto, como instructor de pesca, solo puedo mostrarle la puerta de entrada pero Ud. mismo deberá atravesarla y hacer su experiencia porque cada trucha y cada situación de pesca lo pondrán en jaque con infinidad de grises. A pesar de que ella vive “esquivando ganchos” tiene que alimentarse cada día y es allí donde personalmente encuentro un camino para transitar en esta pesca, más allá de kilos o cantidades. Me resulta interesante observar como el hombre cambia su técnica y el pez evoluciona con su condicionamiento en un flujo conductual que, como especie, de alguna manera nos recoloca en el circuito de la naturaleza a jugar con sus ingredientes en reglas diferentes a las de nuestra civilización. Teniendo en cuenta estas cosas, estudiemos un poco la forma en que se comporta una trucha al alimentarse.

 


Alimentación oportunista y selectiva

 

Las truchas tienen básicamente dos maneras de alimentarse y éstas dependen directamente de la forma en que se presente su alimento. La mayor parte del tiempo se encuentran comiendo de manera oportunista alimentos aislados y diversos que el medio le ofrece mezclados con sedimentos naturales del río, señuelos, moscas y otras cosas que no  son comida. Durante estos períodos que suelen ser los habituales, la trucha debe aproximarse y analizar cada cosa que le resulte familiar para tomarla o rechazarla y esto implica que muchas veces el esfuerzo no tenga premio porque no todo lo que hay en el agua es comida, dándole una cuenta apenas equilibrada entre las calorías que gasta para obtener su alimento y las que el alimento obtenido le provee. Pero el medio le da revancha cuando los organismos se presentan de forma masiva en el mismo momento, porque la trucha tiene una respuesta estructurada en sus genes para aprovechar la abundancia llamada “selectividad”. Cuando algo se presenta en abundancia entra en períodos de selectividad comiendo solamente aquello e ignorando completamente el resto de las posibilidades. De esta manera ella puede aprovechar el momento, concentrar su trabajo en un alimento seguro y abundante, minimizar el gasto de energía y maximizar la ingesta calórica. Entonces la cuenta le cierra y puede crecer o en casos extremos sobrevivir.

 

La selectividad puede manifestarse en fases cada vez más complejas priorizando determinados estímulos sobre otros y aún en la etapa oportunista de alguna manera también selecciona aquellas siluetas o estímulos más prometedores según su experiencia para decidir el gasto que implica aproximarse a analizarlos o ignorarlos completamente. El momento en el que más se exponen los insectos acuáticos al ataque de las truchas es cuando deciden abandonar su etapa larval inmadura y lanzarse a la superficie para la transformación en un insecto maduro, aéreo y alado, este fenómeno se llama “eclosión”. En los Órdenes Ephemeroptera (Efímeras o “Mayflies”), Trichoptera (“Caddis”) y Díptera (Mosquitos, Jejenes o “Midges”) eclosionar en la superficie es muy común, siendo un comportamiento masivo de acuerdo a variables del entorno entre las que la época del año, la temperatura y la luz son factores mayormente detonantes. Yo sé que puede resultarle complicado leer esos nombres en latín o inglés, pero relájese, ahora no es importante que los recuerde y de tanto leerlos los aprenderá. Trate de seguirme porque en esta maraña hay un hilo conductor basado en una estadística simple de situaciones mayoritarias que a Ud. lo ayudarán mucho no solo a pescar más, sino a comprender por qué es tan necesario que ate sus moscas y que comprenda para qué las ata. En la estadística hay en juego peces, estructuras de río habituales, alimento frecuente y posibilidades de presentación que son manejables para cualquiera. Obviamente esto tiene sus tangentes, excepciones y hasta contradicciones según aguas, insectos o peces diferentes si queremos buscarle el pelo al huevo, por supuesto, pero se trata de un mapita estructural estratégico (solo como ejemplo inicial) que ayuda a comprender también la dinámica de esta pesca.

 


 

Un ejemplo de la selectividad y su dinámica en el río

 

Para ayudarnos a comprender la importancia de contar con buena variedad y cantidad de moscas si queremos desafiar la selectividad del pez, usaremos ya una parte vinculada a la estrategia. En el río ocurren constantemente eclosiones múltiples, compuestas u ocultas, conformadas por insectos de diferentes órdenes, que tienen comportamientos, tamaños, formas y colores diferentes. Específicamente en los insectos que emergen sobre la película de la superficie atravesándola, las truchas tienen preferencia por su vulnerabilidad en todas las fases desde que salen del fondo hasta que vuelan. En cada una de estas fases el insecto tiene aspecto y comportamiento diferente pero todas nos interesan porque son fácilmente imitables con una mosca. Hay insectos con otras formas de emergencia trepando piedras, palos o juncos pero en estos casos no son tan vulnerables a las truchas y su emergencia no nos interesa tanto. Nos resultará muy familiar la observación de estos fenómenos porque ocurren en lugares del río que conocemos bien  y que tienen mayormente un orden de estructuras típico y distinguible: Primero el pedrero o “riffle” que es agua baja entre guijarros con típico ruido musical, luego la corredera o “run” dónde la corriente se canaliza con velocidad por un solo sector, sigue el pozón o “pool” profundo y tranquilo, luego una levantada o “tail” donde el agua se acelera lentamente, terminando en un agua chata o “flat” de velocidad moderada que se acelera más al llegar nuevamente a otro pedrero. Y así cíclicamente con algunas excepciones y otras aguas dadas por saltos, obstáculos, recirculación, curvas forzadas por estructuras graníticas, etc. Pero un típico río de truchas se dibuja a sí mismo con esos accidentes, generando hábitats más propicios para determinadas criaturas en cada sector que poseen adaptaciones morfológicas, dietas y comportamiento típicos de las aguas que habitan.

  

 

Mayormente los pedreros o “riffles” son los lugares más productivos en alimento para las truchas. Se trata de aguas oxigenadas y bajas, en las que viven insectos adaptados a ellas con fuertes patas o construcción de nidos para sujetarse, mayormente bajo las piedras o aún sobre ellas que es donde capturan su alimento. El acto de emergencia del insecto comienza voluntariamente con el desprendimiento del fondo en el pedrero y su ascenso, aquí la trucha busca alguno de los pocos reparos que ofrece el agua rápida y comiendo a no más de un palmo del lecho, esperando el movimiento inicial de estas ninfas muy cerca del lugar en que apenas comienzan a exponerse. Aguas abajo y seguramente en las corrientes moderadas y algo más profundas del borde de la corredera o debajo de ella, las truchas comen esos insectos ya en su franco ascenso, tomando el alimento en casi toda la columna de agua. Este ascenso de los insectos es mayormente lento gracias a una flotabilidad positiva por retención de aire como algunas Ephemeropteras que  lo acumulan en el estómago, pero puede ser también enérgico y con capacidad de natación según de qué insecto se trate, como las pupas de Tricopteros y su natación rítmica al ascender. Es probable que más abajo, ya en el lento y hondo pozón haya truchas concentradas en los emergentes ya tocando la superficie, un estadío complejo con sub fases de aspectos y gatillos diferentes de acuerdo sobre todo al tiempo que demora el insecto en transformarse y al “espectro” que su piel mudada o exhuvia marcan con la luz en la superfcie. Trichoptera y Diptera suelen eclosionar más rápido que Efemeroptera y como para dar una idea a quien nunca lo vio, según mis observaciones el tiempo desde que el insecto alcanza la  superficie hasta que logra volar, va generalmente desde 30 segundos a 3 minutos. Los insectos ya dispuestos a volar y otros como adultos abortados por una mala emergencia (“stillborns” o no nacidos) son tomados selectivamente en superficie también en ese sector o ya en la cola del pozo. Esta distribución de estadíos puede variar por diferentes accidentes pero es usual verla y tomarla como ejemplo. Es interesante también saber que observando la forma de alimentarse de las truchas es posible establecer con bastante precisión en que estadío se concentran, porque cada comida tiene su “huella” y es algo que desarrollaremos en la parte de estrategias. Fuera de períodos selectivos, Los pedreros o “riffles” son para las truchas también un buen lugar donde alimentarse de manera oportunista ya que los insectos suelen dar pasos en falso, ser empujados fortuitamente por nuestro propio vadeo o las crecidas y ser arrastrados más allá de su conducta. A este tipo de derivas se las conoce como “catastróficas”.

 

 

 

Bien, aunque lo descripto se trate de algo frecuente de observar en el río es solo un ejemplo que no debe tomarse como absoluto, pero sí como ilustrativo del tipo de problemas que tenemos que resolver para destrabar el candado en el cerebro del pez e inducirlo al error en el momento en que es más vulnerable para nosotros: cuando come selectivamente. Y si come selectivamente más vulnerable debería ser, sin embargo para la mayoría de nosotros ocurre todo lo contrario y somos vulnerables a su selectividad como depredadores, sobre todo por no comprenderlo antes de gastar miles de pesos en equipos y tener una caja con solo 20 moscas muy malas y gigantes.

 

Las truchas no siempre reaccionan colectivamente al mismo patrón de comer lo que se presenta en mayor cantidad aún una cerca de otra, también pueden tener fijación por una línea de alimentación que les provea algo menos abundante pero más grande, sobre todo si tienen tamaño para asegurar el territorio y echar a la competencia, los grandes terrestres como los saltamontes en una barranca son un ejemplo. Los últimos estudios de campo hablan claramente de la conducta individual de los peces de un mismo sector del río para seleccionar al mismo tiempo alimentos diferentes. La selectividad tampoco es un patrón de conducta exclusivo de las truchas o de los peces y se manifiesta de diversas formas en la naturaleza. Es sabido que en las truchas principalmente aparece ante las eclosiones o derivas multitudinarias de insectos acuáticos, pero también la presencia abundante de crustáceos como Samastacus en su momento naranja de muda, la caída frecuente de terrestres en días ventosos, la abundancia de Odonatos adultos, la presencia numerosa de anfípodos o una migración masiva de peces juveniles pueden dispararla. Durante la selectividad la trucha elimina el análisis previo del comportamiento oportunista para comer o rechazar, reemplazándolo por una identificación rápida y aquí es donde una discusión sobre la importancia relativa de los factores “tamaño, forma y color” (TFC) tiene lugar entre los pescadores. Porque es clave saber que entre estos tres factores y su correcta combinación estará gran parte de la solución al menos desde la mesa de atado. Para poder combinarlos hay que tener cantidad y variedad, y por eso (insisto, carajo) es importante atar nuestras propias moscas. Sígame que no se arrepentirá, atará sus propias moscas y se cansará de pescar hasta que ya no quiera. Tranqui.

 

¿Tamaño, forma y color?

 

Aún hay serias discusiones y no todos los autores (biólogos o pescadores) coinciden al establecer cuál es el orden de prioridad en los factores tamaño, forma y color (TFC) en el pequeño cerebro de las truchas a la hora de seleccionar su alimento aunque hay cierta unanimidad en darle el orden en que los hemos nombrado. Para establecer este orden y vincularlo a las prioridades al elegir moscas, técnicas o estrategias debemos estudiar un poco pero, fundamentalmente, acceder a un pensamiento flexible, tan flexible como las truchas y su comportamiento o poder de adaptación, virtud ésta que los biólogos gustan llamar “plasticidad”. Por lo tanto las sentencias absolutas sobre el tema (en mi opinión) carecen de sentido porque si bien ha sido posible establecer patrones de conducta, alimentos frecuentes y muchas “verdades”, resulta que cada horario, cada situación lumínica, cada zona, cada río, cada sector de éste, cada especie y cada pez con su momento y experiencia particular pueden tener “su” verdad si se busca eficiencia en el marcador.

 


Como decíamos, los peces de lugares distintos están condicionados de manera diferente y no es lo mismo una trucha residente de un río cercano a una gran ciudad que una en estado completamente salvaje de un lugar remoto; la trucha “urbana” seleccionará su alimento de manera más fina y la salvaje tomará con confianza prácticamente cualquier mosca bien presentada, esto es fácilmente comprobable y lógico pero lo que debemos comprender es que por nuestra presencia o ausencia están sometidas a niveles de condicionamiento diferentes. Hay muchos estudios biológicos que intentan establecer estas prioridades apuntando a lograr un resultado que nos describa el comportamiento de la trucha como especie en su hábitat natural y en estado completamente salvaje, que por acción del entorno natural y su particular conformación de estímulos, tendrá una particular conformación de respuestas. Es fácil deducir que cuando el pez entra en contacto con el hombre todo puede trastocarse rápidamente modificando de manera drástica el patrón conductual dando lugar a un cambio en la prioridad de los factores TFC o agudizando la importancia de algunos sobre otros debido a los complejos mecanismos de supervivencia mencionados. Y aunque lo que personalmente he consultado tenga opiniones diversas y hasta opuestas, existen ejemplos indudables de que el factor “forma” puede ganar importancia si el pez es muy presionado, lo demuestra el rechazo a una silueta rápidamente identificable como el anzuelo que sobresale en cualquier señuelo. Esto tiene una respuesta en el pez dándole prioridad a la forma por sobre los otros dos factores ya no para seleccionar su alimento, sino para rechazar el falso usando las mismas capacidades selectivas y alterando el orden de los factores TFC de acuerdo a la manera en que es presionada. Como conclusión, ante truchas muy presionadas que se alimentan delante nuestro, la clave sigue estando en presentarles algo que ellas vean como su comida y en ocasiones la semejanza en la forma aún en pequeños tamaños hace la diferencia. Para hablar de color y tamaño tenemos que deshilachar algunas leyes físicas, pero sepamos que siempre frente a la presión o la amenaza, la respuesta condicionada del pez para el rechazo será cada vez más compleja ya que debe cumplir su misión diaria de alimentarse y, como siempre digo, el resto es un problema nuestro.

 

En la próxima entrega nos enfocaremos en estas leyes físicas, la percepción del pez y el vínculo que eso tiene con algunos detalles en la construcción de nuestras moscas. Hasta entonces y gracias.

 

Efrain Castro